sábado, 10 de septiembre de 2011

Me siento como un niño a la orilla del mar

Me siento como un niño a la orilla del mar
y tu voz que llega diciéndome
que el infinito es el aire indefenso
dibujado por gaviotas que abren sus picos
al opulento almizcle de inmensidades,
y tu voz me dice no te niegues,
no te niegues a las quimeras y grita
mordiendo con pasión la espalda del viento.

Pero yo quiero el mar, el mar,
el mar y en él tus ojos como túneles
ardiendo por la noche de un pueblo
reducido a viejos tejados,
a paraísos y plegarias y álamos
que vuelven ebrios de altura
sus estrellas en el canto de los pájaros,
a vino que bendice y al que despena,
a inefables días de una mujer
desnuda que hunde con palabras
su sombra en la brama de los toros,
bajo las flores de los manzanos.
Quiero tus ojos
                   y en ellos el mar
oblicuo hacia mis ojos.


(De: SEPARATA)

1 comentario:

  1. Un gusto leer su palabra, Celia. Ya me anoté como seguidos del blog.
    Le paso los míos: El cotidiano (unapalidaidea.blogspot.com), y el otro en el lcual voy subiendo mi música de a poquito (pablolibre.blogspot.com)
    Sigo leyendo y buscando el poema sobre la estepa rusa que leyó en un café literario de la Facultad, allá por 2000.
    Recuerdo que yo recién arrancaba en la Facultad, leí un pequeño monólogo interior, y usted me vino a felicitar. Yo no la conocía, me vinieron a decir unos conocidos de cuarto año: "Esa señora es Celia Fischer, es bastante exigente para el elogio. ¡Vos tenés que publicar!"
    ¡Abrazo!

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