lunes, 10 de septiembre de 2012

De aquella casa

Hoy, una mujer murió ante mí.
Antes y después, un hombre.
Exiliado entre ellos,
inmenso hasta el horizonte de pájaros,
el ciruelo ha puesto a florecer
la memoria de sus dioses.

2 comentarios:

  1. Gran poema este tuyo, querida Celia, con la contundencia de la brevedad, de su concentracion suprema de sentido; logradisima la forma en que logras aqui marcar con apenas unas pocas palabras el exilo existencial de lo humano, y el extrañamiento del mundo, en la imagen de ese ciruelo, que florece porque florece, pese a todo y a toda intemperie.

    Otro abrazo

    Ale

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