domingo, 18 de diciembre de 2011

Poema 23


Compañera del viaje
por el último desierto
de ruinas insalvables,
          la voz indaga.
Casandra pregunta por el nombre,
el que lastima,
por tu piel,
la que duele,
por tu alma
investida de incendios
y oceánicas  memorias.

No me nombres.

Mis caballos están a punto
de desbocarse
remontando sudores del cielo,
con estas ganas que tengo
de atrincherar la muerte.

No tengo nombre.

La baliza del tiempo navegable
suelta brincos de luz
en la carne de los vientos
por este río inmóvil
que dice al ojo la estrella distante.
Jamás pronunciaré mi nombre,
el verdadero,
si no es escribiendo del pájaro
su vértigo en alas
y de los mares
su aroma subyugando ángeles
danzarines de lo abierto.

Nadie dirá mi nombre.
Sólo quien de la noche sabe
y se atreve a iniciar el vuelo.


(De: Imágenes del Silencio - 2011)

2 comentarios:

  1. Es un poema de una belleza increible, con imágenes mágicas, sugeridas "esos caballos desbocados para atrincherar a la muerte" el misterio del nombre, excelente. Un poema escrito por una walkiria.
    Felicitaciones
    Ignacio

    ResponderEliminar