martes, 22 de noviembre de 2011

Poema 27

Soy la que separa el agua de los náufragos
del sueño atormentado que conduce al destierro,
a la mirada final arrojada sobre  lecho rocoso.
Allí donde el mar guarda el origen diluviano,
donde el nombre de las cosas termina
y se acaba también el rostro
y todo lo inevitable se presiente
con la fuerza que imponen los dioses.
Soy la que asistió a ceremonias
                                de maldición y  muerte.
Algo, como un olvido, deshace la memoria,
entonces me despido del desierto y su voz inaudible
de astillas enterradas,
dejo que las ramas del cielo cuajen su luz
y se parta en lluvia la respiración de mi boca.

(De: Fin de lo perdido - 2007)

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