domingo, 3 de julio de 2011

Poema 33

                     I

Me extingo.
Agazapado grito insaciable
profana la noche
y luego invierno.
Me extingo.
Del otro lado del aire
la piedra
soñando silencio de lejos.
Me extingo.
De mis ojos de mis huesos
de mi sangre de mi boca
de la última lágrima
el desvelo pone su paisaje
sus fantasmas arrodillados
su destierro
voces de caracolas
dibujan el río
viborón de plata
bajando de la selva
guaraní despojado
mano desnudando árboles.
Me extingo.
La voz del mundo
entristece amores
conjurados por el olvido
no es el lugar
no es la hora
carro de fuego
alimentando un milagro.
Me extingo.
Que nadie sepa
el amanecer
con fragmentos
de agonía.
Sólo yo.
Con mis alas en abismo
respirando lo que falta
detrás del hilo azul
de un humito
en vuelo
sauce señalando
el mundo
grito al límite del aliento
destruyo el villancico.
Me postro.
Bebo el insomnio
en vasos de fiebre
no hay escapatoria
arranco estrellas con la boca
las devoro
un instante de resto saqueado
deshago la luz
me columpio con la muerte
no aprendí.
Me extingo.

                     II

No sobrevivo.
Al nido de tibieza
que ofrecen los ojos
lenta mirada
de vino bebido lento
y el puente
que busca siempre el vacío
no me deja cruzar
me ataca
con su curva de hierro
palabras
que no puedo
pronunciar.
No sobrevivo.
Al enmascarado
en el cementerio
y ese hombre
colgando su silencio
de las ruinas
escalofrío de la despedida
hay una voz
hablo hablas habla
aluvión invisible
con bordes de adoquín
la ciudad
y su abrazo maldito
sigo el paso
por el laberinto de la noche
el vino rueda
su tierra de claveles.
No sobrevivo.
Los otros
la ciudad bajo la lluvia
alimenta delirios
me pierdo del otro lado.
Ya no sé
quién soy.

(De: Detrás del Hilo Azul - 2010)

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