martes, 5 de abril de 2011

Navegación

Bajo el confín del puente
pasó enardecido
por la voz del mundo
un día de potros
ahogándose en espuma
agitada de otras vidas
y tan espeso
como esas nubes
que giran
desovillando lejanías
hasta perderlas
en sembradíos del cielo,
cuando los pájaros disponen
pausas
al sol poniente destinadas.
Canoas de humo
navegaban inmensidades
y un barquero ciego
en el oleaje del viento
iba acunando cantos
abrazado a diáfanas velas
concebidas en el sueño.
Se podía oler la noche
en la fiebre de sus manos.
Se podía oler a Dios
en los pasos de la noche.

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